La detención anteayer en Francia del jefe militar de ETA, Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', se ha producido en uno de los momentos más delicados para la banda. Según los expertos de la lucha antiterrorista, la banda acaba de superar una crisis interna sobre la estrategia a seguir una vez finalizado el alto el fuego que ha dejado bastantes heridas abiertas entre los militantes. Fue el sector más duro liderado por 'Txeroki' el que venció en la discusión, apostando por un largo ciclo de violencia. Para los conocedores de la situación, la detención del líder podría dar pie al surgimiento de nuevas tensiones a medio o largo plazo.
La discusión sobre la línea que debía seguir la banda tras el fin de la tregua se celebró a lo largo del verano, mediante una asamblea epistolar en la que los militantes realizaron diversas aportaciones. Las posturas más moderadas resultaron totalmente orilladas frente a los partidarios de mantener una línea de violencia creciente, destinada a conmocionar al Estado desde la creencia que es posible obligar al Gobierno a sentarse a negociar con la presión de las armas. 'Txeroki', junto con su lugarteniente Aitzol Iriondo, son dos de los principales representantes de esta línea de pensamiento. El aparato militar que dirigían se encargó de cerrar cualquier discusión que pusiera en cuestión su apuesta con una dureza inusitada. Para ello, abrieron un expediente de expulsión a los miembros del aparato político que habían mantenido posturas más moderadas. Esta depuración supuso el 'procesamiento interno' de tres líderes: Francisco Javier López Peña, 'Thierry', Ainhoa Ozaeta e Igor Suberbiola.
El primero de ellos había sido el máximo responsable del ala política de la banda durante el proceso de diálogo. Ozaeta, la persona que leyó el comunicado de declaración del alto el fuego, procedía de la mesa nacional de Batasuna. Suberbiola, por su parte, era un líder del movimiento juvenil ilegalizado Haika, que una vez en la clandestinidad se había ocupado de la preparación de los zutabes, la revista interna de ETA. Según las fuentes consultadas, los tres fueron expedientados por haber continuado manteniendo sus críticas a la línea dura representada por 'Txeroki' una vez finalizado el debate interno.
Los expertos están convencidos de que la posibilidad de que a corto plazo se reabra un debate asambleario es muy remota. En primer lugar, la propia estructura de ETA ya prevé la sustitución inmediata de los dirigentes por lo que el relevo de 'Txeroki' -que podría ser sustituido por Aitzol Iriondo- no tendía que implicar un cambio inminente de estrategia. Sin embargo, las mismas fuentes consideran que el malestar interno de los más posibilistas había aumentado con las decisiones de Aspiazu y estaba latente en el seno de la organización. Estos sectores podrían utilizar la detención para recuperar su mensaje e intentar que se les vuelva a escuchar dentro de ETA.
Ekin y Segi
En el mismo sentido, 'Txeroki' había asumido la dirección política de la izquierda abertzale a través de Ekin y de los jóvenes de Segi. Los sectores moderados de la izquierda 'abertzale' también habían sido apartados y la discusión asamblearia había desaparecido totalmente. Los expertos creen que miembros de esta corriente «habrán visto con esperanza» la caída de 'Txeroki'. En la estrategia que representaba, la línea política era secundaria frente a la violencia. En un momento en el que la izquierda 'abertzale' está acorralada, la apuesta de 'Txeroki' dejaba al ala política casi sin futuro.